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Misa de Corpus Christi para la Historia  por Pablo Bardin

  Este siglo ha tenido una relación problemática con la música sagrada; dos catastróficas guerras mundiales dejaron desilusionado y carente el Zeitgeist espiritual. Ha habido y hay algunos místicos y compositores aislados que mostraron su veta religiosa en obras de valor. Algunos ejemplos al azar: la Sinfonía de salmos, misa y threni, de Stravinsky; Kol Nidrei y Moses und Aron, de Schönberg; Gloria y Stabat Mater, de Poulene; La Pasión según San Lucas, de Penderecki; casi todo lo escrito por Oliverio Messiaen y Arvo Pärt.

            La misa ha tenido muy pocos compositores valiosos; me vienen a la memoria los nombres de Poulene, Kodály, Stravinsky, Pizzetti, F. Martin, Howells, Vaughan Williams. Compárese con la producción masiva de misas durante el Renacimiento, cuando era el género musical más importante. Argentina no es la excepción, y uno no encontrará una misa de Ginastera, Gianneo, García Morillo o los hermanos Castro; por lo pronto puedo recordar las misas de Giacobbe y de Boero.

            Antonio Russo es siciliano pero se ha adaptado completamente a nuestra ciudad desde hace décadas. Tras una larga experiencia como director coral y orquestal, en los últimos años le ha dedicado más y más tiempo a la composición. He sido testigo de su progreso: cada obra marcó una mayor evolución y demostró que el artista es un verdadero compositor; pero yo no estaba preparado para la asombrosa proyección y el impacto de su Missa in Solemnitate Sanctissime Corporis et Sanguinis Christi de 65 minutos, que bien puede ser la máxima música sacra escrita en este país.

Se discute si una obra debe ser innovadora para ser importante; técnicamente no hay nada en Russo que no pueda hallarse en otros compositores, y encuentro en él una fuerte afinidad con creadores tan disímiles como Walton y Janácek. Esta obra podría haber sido escrita en 1940, porque, de hecho, para ese entonces ya habían habido treinta años de intensa renovación en el lenguaje musical. Por lo tanto Russo no está a la moda, le es fiel a la tonalidad expandida que convivía con la atonalidad y el serialismo, felizmente también prescinde del minimalismo.

Lo importante es la frescura y el brío de la imaginación de Russo, su increíble mano para la escritura coral, su sensibilidad infalible para con el timbre de la orquestación a menudo no convencional. Posee holgura para permitir largos tramos de melodía ininterrumpida y de sentido de clímax y contraste, de modo que la atención del oyente está permanentemente atrapada. No me importa si hablando dialécticamente ésta es o no es música de 1998, sólo sé que me moviliza y hace que tenga ganas de volverla a escuchar, y eso es lo que importa.

Esto no es una reseña en tanto que la obra fue hecha como parte de una celebración eucarística presidida por monseñor Héctor Aguer, como parte del ciclo “Música y oración” organizado por el Arzobispado de Buenos Aires, en un valioso esfuerzo de alto nivel artístico. Tuvo lugar en la parroquia de San Benito Abad, y el compositor dirigió a la Cantoría Lugano (cuyo director es Eduardo Vallejo), al Ensamble Domina Rerum y a los solistas María Teresa Ciarla (soprano), Alejandra Herrera (mezzo), Ricardo Gonzáles Dorrego (tenor) y Raúl Neumann (bajo). Los solistas cantaron bien, la orquesta fue buena, pero el elemento sobresaliente fue el Coro, que sostuvo la extensa obra con una concentración infalible, una musicalidad consistente e intensidad. En este estilo es uno de nuestros mejores coros. El compositor, que es también un excelente director (y tan vergonzosamente olvidado por nuestras principales orquestas), estaba compresiblemente regocijado.

En su discurso, monseñor Aguer dijo no conocer otra misa para Corpus Christi; y yo tampoco, por lo que ésta debe ser realmente la primera. A las habituales cinco partes se le agregaron un Introito y una Sequentia (Lauda Sion). Carmen García Muñoz señala en el programa que la obra fue escrita en el espíritu humanista del motete renacentista. También menciona que hay pasajes atonales y clusters, pero ciertamente ambos están subordinados al lenguaje tonal que prevalece.

Esta obra debería ser grabada y difundida en Europa y en los Estados Unidos; creo que satisface una necesidad y le deseo el mayor éxito.